OBTENGA 3 TESTIMONIOS DE LECTORES VISITANTES, FOCALICE EN SU RELACION CON LOS LIBROS Y LA LECTURA, COMO ES COTIDIANAMENTE. 

Primero tuve la suerte de entrevistar a un chico que trabajaba en la Librería. Le pregunté qué significaba para el leer, cada cuanto leía, que le gustaba leer y demás. 

Me dijo que le gustaba mucho leer, que desde que empezó a trabajar en la librería le llamo aún más la atención el tema de la lectura. Hizo mención a los libros del señor de los anillos, me dijo que los mismos le recuperaron las ganas de leer hace unos años, que de chico solía leer con frecuencia, pero que a medida que iba creciendo esa chispa se fue apagando. ".. Leer para mi hoy en día es una distracción, pero no una distracción así que pasa desapercibida, sino una distracción que disfruto mucho realmente..". El chico se llamaba mauricio, y me dijo que lo que más le atrapaba era el suspenso, pero que había leído algún libro de terror hace poco tiempo y le había encantado. Me comento también que hace unos meses intento leer un libro de Historia Mundial y no le gusto para nada, le pareció aburrido y lo abandono antes de llegar a la mitad del mismo "... es lo que tiene la lectura, por ahí te arriesgas a leer algo que no estas acostumbrado y no te gusta para nada...". Por último, me dijo que le gustaba leer un poquito todos los días, o por lo menos eso intentaba, pero dependía de si el tiempo se lo permitía. Antes de irme, le repregunte que significaba para el leer y me dijo que muchas veces era un espacio de desconexión y disfrute, "... es lindo porque uno durante el día piense en lo que va a leer a la noche...". 

Luego, entreviste a una señora que estaba mirando por arriba unos libros en el sector de "política argentina". Me dijo que, para ella, leer era una actividad que la rejuvenecía porque le hacía pensar y "mover el cerebro".  A ella le gustaba leer novelas y había ido a la librería únicamente para comprarle un libro a su esposo, que según ella se la pasaba leyendo. "... yo leo cada tanto, algunas veces por semana si tengo tiempo, pero no más que eso, de chica me gustaba más leer...". Luego me dijo que le preocupaba un poco como la generación mía ya no leía en la misma cantidad en la que se leía antes. Me comento por último que con los años había perdido esa magia que le generaba internamente leer un libro, y que creía que antes se escribían mejores libros que ahora. 

Por último, como la gente no se prestaba en la librería, decidí entrevistar a mi papa; él se define como un fiel lector de libros históricos, pero cualquier historia, ya sea Nacional o Internacional, me dijo que siempre le atrapo leer sobre la historia y que también le interesa leer distintos libros que hablen de los mismos acontecimientos, para así lograr comprender los distintos puntos de vista que tienen los escritores sobre los mismos acontecimientos. "... leer para mi es todo prácticamente, es una definición para mi personalidad. Cuando estoy feliz leo, cuando estoy triste leo...". A mi papa siempre le encanto leer libros de distintos historiadores como por ejemplo Enzo Traverso, pero también es un amante del suspenso, ya que su libro favorito es "El Eternauta". "... trato de leer todos los días, pero muchísimas veces no hay tiempo y si cansancio...". Finalmente, creo que vale la pena mencionar que me dijo también que en el colegio el no aprendió absolutamente nada de historia, porque los profesores eran malos, sin embargo, durante su adultez logro incorporar muchísimos conceptos relacionados con la historia debido a la gran cantidad de libros que leyó. 

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El porqué de las librerías se fue modificando a lo largo del tiempo, ya que las mismas comenzaron como unos simples espacios de comercio y se fueron transformando poco a poco en el motor de las revoluciones intelectuales. Desde la Antigua Roma, el concepto de librería estuvo ligado a la vida pública a través de las llamadas tabernae librariae situadas en el barrio del Argelito; en estos locales, las fachadas hacían las veces de carteleras donde se colgaban las listas de novedades y las sátiras del momento, consolidando desde el principio el propósito de la librería como un nodo social de encuentro para enterarse del rumbo del pensamiento humano. El gran punto de inflexión histórico ocurrió en el siglo quince con la invención de la imprenta de tipos móviles de Gutenberg, un hito que desdibujó las fronteras entre el impresor, el editor y el librero; a partir de ese momento, los talleres se convirtieron en las imprentas y tiendas masivas que propagaron con velocidad inaudita las ideas del Humanismo, el Renacimiento y la Reforma Protestante por todo el continente europeo. 

A medida que el formato físico del libro ganaba terreno, los mostradores se convirtieron en trincheras políticas peligrosas, un fenómeno que alcanzó su punto álgido durante el siglo dieciocho en la época de la Ilustración y los años previos a la Revolución Francesa. En un contexto de censura monárquica feroz, los libreros idearon la audaz intervención de la trastienda, un espacio donde se vendían y discutían de forma clandestina los textos prohibidos de Rousseau y Voltaire o los panfletos satíricos que erosionaban la autoridad real. Esta noción de la librería como refugio contracultural maduró de manera notable a principios del siglo veinte, cuando los libreros decidieron asumir un rol activo de mecenazgo y edición para dar voz a los artistas marginados por las corrientes comerciales. El ejemplo más célebre de esta vanguardia fue la librería parisina Shakespeare and Company, regenteada por Sylvia Beach, quien asumió el riesgo económico y legal de editar y publicar el Ulises de James Joyce en mil novecientos veintidós, una obra maestra que había sido sistemáticamente rechazada y censurada en todo el mundo anglosajón. 

Las intervenciones culturales de los autores dentro de estos espacios no se limitaron a la firma de ejemplares, sino que moldearon la fisonomía de los debates estéticos de cada época a través de la ocupación física del lugar. A mediados del siglo veinte, las librerías se transformaron en auténticos campos de batalla conceptuales donde se escenificaban las disputas entre diferentes movimientos literarios, como las célebres tensiones en Argentina entre la vanguardia cosmopolita del Grupo de Florida y el fuerte compromiso social y obrero del Grupo de Boedo. Los escritores utilizaban los mostradores como tribunas públicas para leer en voz alta sus manifiestos políticos, transformando la experiencia de compra en un acto de agitación cultural. En períodos de dictaduras militares o de asfixia institucional, esta relación se volvió aún más estrecha a través de la circulación de fanzines y revistas autogestionadas que los autores llevaban directamente a las librerías independientes; de este modo, el local funcionaba como un canal de distribución alternativo que permitía la supervivencia de las ideas por fuera del radar del control estatal. Un hito internacional de esta resistencia ocurrió en mil novecientos cincuenta y tres con la fundación de la librería City Lights en San Francisco por el poeta Lawrence Ferlinghetti, espacio que se convirtió en el epicentro de la Generación Beat y que protagonizó un juicio histórico por obscenidad tras publicar el poema Aullido de Allen Ginsberg, marcando un precedente definitivo en la defensa global de la libertad de expresión.

ESCRIBIR UNA CRONICA NARRATIVA QUE INTEGRE PARTE DE LOS MATERIALES RECOLECTADOS Y QUE FOCALICE EN LA IMPORTANCIA/AMOR POR LA LECTURA EN LA SOCIEDAD ARGENTINA Y EN SU HISTORIA PERSONAL. 



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